Diez hombres desnudos que hablan del amor.

Twisted Love

fue un proyecto que marca mi lado de arte antes y después. Encerrada en mis propias experiencias, me tiré al vacío de averiguar la de otros. Se escogieron 10 hombres (todos cercanos a mi) que me ayudaran a revelar ese hilo que las mujeres se nos hace tan difícil ver; su opinión sobre la amor.

El lenguaje y los símbolos de las imágenes son ahora un hilo conductor de como piensan todos. Algunos hombres desnudos conscientes y otros inconscientes de lo que hacen.

Todo esto nació después de preguntarme porqué es tan difícil crear una relación de pareja saludable y porqué a los hombres les afecta tanto abrirse para hablar y demostrar sus sentimientos. Anécdotas que ahora puedo compartir, fue esa gran sorpresa tras cada sesión de foto donde los hombres no pararon de hablar y se convirtió casi en una cita de filosofía por el amor.

Sesiones saludables y con la mente abierta de encontrar los puntos que nos encuentran y nos separan.

Acá les dejo con las imágenes y luego presento la curadoría de Eduard Reboll para este trabajo que se exhibió con el documental de Gretty Camaraza.

Twisted Love: La “sangre azul” del corazón masculino.

Eduard Reboll/Art Curator

“El amor es fugaz. Hay que dar al amor la oportunidad de revelarse en su máximo dolor y riqueza…” Doris Dorrie

“Sin ti estaría muerta la feminidad voluptuosa que tengo para reafirmarme como mujer

Ángeles Martínez Sánchez

Un corazón rojo injertado en la cabeza de un individuo, del cuál sólo sabemos que pertenece a su memoria personal, abre Twisted Love, una obra conjunta y experimental de Zayra Mo y Gretty Camarazza. Un amor-máscara que se inaugura cercano a la liturgia del carnaval de Venecia. Un hombre con un amor tan adentro en su cabeza que sólo pudiera sentirlo a través de él …a partir de introducirse dentro de él.

Diferentes recorridos por un espacio tan textual y genérico sobre el tema que, con diez hombres, asumimos un modelo de lo que significa el amor en nuestra contemporaneidad. Un proyecto muy vinculado a su otro oficio, la de periodista, que la obliga a cuestionarse continuamente el por qué de los sucesos y el lado oculto de los entrevistados. Unos sujetos que nada tienen que ver con los “six packs” tan de moda hoy en los gimnasios de Miami Beach. Una decena de hombres naturales. Algunos con la dureza en las facciones y otros con la dulzura entre sus brazos. Hombres libres, malheridos, bonachones, pícaros, hábiles, rústicos, héroes de una noche, amantes de la fraternidad. Alguno incluso capaz de decirle a la artista: “!Oye nena que corazón tan rico…!”. Que posan para que riamos ante un juego malabar, frente al destripe de un cojín, para ser vistos ante los hilos de la manipulación de la amada, o simplemente deglutiendo el cariño como si de un pastelito de guayaba se tratase.

Zayra desnuda a sus protagonistas de medio cuerpo hacia arriba. Les proporciona un espacio para el despojo de sus ropas, y les da un corazón acolchado para que muestren el arrebato que tienen dentro. Orienta sus movimientos hasta que consigue la fotografía que desea, y organiza el espacio escénico bajo unas telas que recuerdan a los pijamas antiguos. Jugando con la ironía del “fotógrafo-de-estudio-que-ensalza-tu-imagen-bajo-su-imaginación” estos diez masculinos retratados no omiten su trayectoria personal…simplemente se descubren así mismos con un sencillo gadget: un corazón rojo.

A la hora de la selección y bajo la influencia del texto verbal, las cosas cambian. Y este es el trabajo encargado a Gretty Camarazza en su documental: revelar el lado oscuro del objeto del deseo.

“El amor es una ilusión que cuando lo obtienes se convierte en una pesadilla” dice uno de sus personajes con una actitud escéptica al vaciar el cojín y notar, quizás, que nada de lo que estaba buscando apareció. Con una filosofía más propia de las corrientes hedonistas de Epicuro de Samos alguien afirma sin disimulo “ …el amor puede tener botas largas y negras” para defender un amor voyeurista; un amor donde el fetiche sea el núcleo principal del encuentro. El enamoramiento como parte de la relación es considerado importante por la mayoría pero no necesario para algunos. Dentro de la honestidad que conlleva definirse sobre este aspecto, alguien apunta que en esta etapa “ha dado lo peor de sí” para con el otro, sin negar por ello que al mismo tiempo “ha sido una buena persona” para su pareja. Un masculino con el peso real de los años y bajo un rostro al punto de la lágrima dice que estar enamorado “me comporta ser más serio de lo que soy”. Pero el amor también puede ser un vals que nos sonríe, una pieza donde la suavidad se incorpore a la corriente o incluso un número que aparezca en la opereta musical de Grease. En cambio cuando se habla de la pareja ideal hay quien la define muy ligada a los “estereotipos” clásicos, con la curiosidad de quien lo dice, aparece en la fotografía manipulando los hilos de la trama de un corazón-marioneta. Por el contrario hay quien cree que la pareja “es una compañía” o incluso “un motor” para el propio enmascarado y maestro de ceremonias de la serie que incluso le pone un nombre:“Daisy”, la compañera del pato Donald. Pero el amor, aunque sea un ente abstracto e inabarcable también tiene su novia: la súplica: “ …llorar…llorar …yo soy bien bobo para esto” nos dice uno de los personajes cuando le piden que compare el amor con otra clase de emoción.

Si Zayra los desnuda mostrando el vello del pecho bajo la estética burlona de Jan Saudek. Gretty los circunda con la obviedad que ofrece un primer plano del rostro como si fuera un “reality show” para ex-presidiarios del amor. Se acerca a la gestualidad facial y sus rasgos no mienten en la cercanía. Les hace repetir la agudeza de ciertas afirmaciones e introduce textos de teoría psicosexual para sostener su tesis. Los personajes ofrecen así un abanico interesante de sentimientos y opiniones, y además, con la pátina cinematográfica cercana al cine mudo, los sitúa en un plano entre cómico y museológico. Pero hay un detalle concluyente que no debemos olvidar a pesar que uno de los protagonistas más interesantes de esta historia se le pregunta qué color considera él más apropiado para el amor “que pregunta más estúpida” contesta mientras gira la cara hacia su izquierda. Al final, en el último plano, de forma delicada y precisa, unas manos de mujer coserán lentamente un corazón bajo el áurea de un sólo pigmento…el azul.